El pueblo no puede minar, pero el gobierno sí

Un día, el mundo nos declaró el nuevo paraíso para minar bitcoins y fuimos una  nueva “fiebre de oro del Yukon”. Esto fue en 2016, justo un año antes del boom mundial de las criptomonedas.  En Venezuela el coste para minar un bitcoin es de aproximadamente 531 dólares, el segundo más barato es Trinidad, donde el coste es de 1.190 y en Colombia está en 7.157 dólares. Pero, paradójicamente, en menos de tres años, la fiebre ha cedido y ha quedado un cuerpo extenuado y con poca actividad. Así ha pasado con el negocio de la minería de criptomonedas en Venezuela.


Esa atención sobre el país, se debió a que contamos con 2 de los tres condiciones para el proceso rentable de la minería de criptomonedas: energía eléctrica y conexión a Internet baratos. El tercero es tener clima frío para el enfriamiento de las computadoras, pero como somos un país caluroso, lo suplimos con aires acondicionados. Y el otro factor adicional es que el gobierno, al no tener capacidad de generar recursos petroleros y con complicaciones para gestionar dinero en los mercados internacionales, vio en las criptomonedas y la minería un camino atractivo para burlar las sanciones.
La importante presencia de granjas mineras en el país, hasta ese momento clandestinas o, por lo menos, de bajo perfil, fue advertida por el gobierno debido a un alto consumo del fluido eléctrico que agravó la ya existente crisis eléctrica. En ese momento comenzó una razzia policial y el decomiso de los equipos. 
Se dice que hubo tanto equipo en manos del gobierno que los funcionarios comenzaron a “minar”. Y hasta se minaba en las oficinas públicas con los equipos confiscados. El gobierno aprendió y con un poco de consejo de los rusos, tras un giro brusco hubo una apertura hacia las criptomonedas y apareció el Petro como la primera criptomoneda, de uso oficial de un Estado. A partir de allí la minería dejó de ser una actividad ilícita y empezó no solo a ser regulada por el Estado sino que este incentivó la minería y ofreció formación y créditos a los futuros mineros.
Se decretó la creación de zonas económicas especiales para estimular la adopción del Petro, pero también para estimular la minería digital en general. El gobernador del Zulia anunció la creación de Criptolago, una granja de minería que concentraría a los mineros de esa entidad. La granja tendría autonomía eléctrica y sistemas de enfriamiento.
Pero estos anuncios no lograron la legalidad real para el sector. Se quedaron en una especie de limbo entre la legalidad formal y la ilegalidad de la realidad. Buena parte de los equipos que entraron por las aduanas fueron decomisados o retenidos sin notificar a sus dueños. Y, algunos fueron entregados tras la mediación de la Superintendencia de Criptoactivos. Muchos mineros se negaron a legalizar su situación en el registro abierto por el gobierno, temían que de esta manera el Estado obtuviera la dirección exacta de los equipos de minería.
En días pasados, le pregunté a un antiguo compañero de estudios, que tiene varios equipos minando, por la situación real de ellos y me respondió que la inseguridad sigue siendo un gran problema. Cuando uno se mete en esto, se siente en las sombras, sin saber qué pasará mañana. Además de las bandas criminales que andan tras nuestros equipos, porque saben que valen mucho dinero, lo peor es el asedio de los funcionarios policiales. Las visitas policiales son cada vez más frecuentes, te piden todo tipo de papeles hasta que te montan la extorsión, en dólares. Y si no pagas te quitan los equipos. Y así, perdemos toda la inversión. Con el costo actual es muy difícil reponerlos. Esto fue reconocido por el mismo Carlos Vargas, ex–superintendente, en un programa del Canal 8. Pero los procedimientos irregulares y la situación de inseguridad continúa.
Otros factores que han incidido en la caída de la minería en el país, son la profundización de la crisis eléctrica y el deterioro de la conexión a Internet. Todo es más difícil cuando se va la luz o no hay conexión a Internet. Estas fallas te hacen perder más del 30% del trabajo del día. Eso sin contar el riesgo de que los equipos se dañen cuando hay variaciones en el voltaje. Reemplazar una máquina de minería es casi imposible en la actualidad.

En fin que lo que se vendió como un paraíso terminó en un real infierno para muchos mineros venezolanos y otro lote importante que vino al país ilusionado. Los mineros lo definen muy claro: Este gobierno socialista es muy impredecible, lo que hace muy arriesgado el negocio de minería. Este pueblo tiene ganas de salir adelante, a pesar de la crisis, pero pareciera que el gobierno de corruptos nos quiere ver pobres. El pueblo no puede minar pero el gobierno sí.


Por Luis Ángel Rincón

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