Ser padre en una Venezuela en crisis
Les confieso que yo era de los que pensaban no tener hijos. Nunca me imaginé como papá de nadie. Incluso cuando Saray me dijo por primera vez que estaba embarazada, seguía empeñado en que nada cambiaría. Me decía que podría seguir con mi vida como siempre. Qué ingenuo.
Antes pensaba que la gente ponían a sus hijos de excusa para escapar de un compromiso. Les decía: “Si es un niño pequeño, lo puedes llevar adonde quieras. Si ni siquiera llora”. Peor, pensaba que por tener sobrinas y amigos con hijos, criar un hijo propio sería más llevadero, cuando cuenca será lo mismo los niños de los demás que los tuyos propios.
Tener un hijo no es que cambie la vida, te la transforma por completo. Tu mundo da un giro de 180 grados. Nada volverá a ser lo mismo. Cuando tienes un bebé tus deseos pasan a un segundo plano.
En vez de venir con un pan bajo el brazo, cada niño viene con unas necesidades que han de ser cubiertas. Al principio demanda tu completa atención, hasta que con el paso de los años se va independizando y aprendiendo a cuidarse.
Aun así te queda la paranoia de que algo malo puede pasarles. Con razón muchos padres pueden ser tan sobreprotectores; no entienden que sus bebes ya no los necesitan las veinticuatro horas del día como cuando estaban recién nacidos.
Un hijo necesita mucha atención. Los padres deben adaptarse a sus ritmos y no al revés. Cuando un bebé llora, uno debe descubrir qué tiene. ¿Será hambre, calor, cólico? Los niños no entienden que hay esperar media hora porque sus papás están ocupados en ese momento. No entienden que hay horarios para dormir, a pesar de lo cansado que uno se encuentre.
Aún así, la sensación de ser padre es única. Es una mezcla de alegría y orgullo, acompañada de mucha incertidumbre y un poco de temor por lo que será de tu hijo. ¿Cuál será su futuro si Venezuela sigue en este atolladero? Esta situación histórica que vivimos no deja de ser el motivo principal por el cual te preocupa el futuro de tu hijo.
Antes de que nazca ya te azotan las preocupaciones por los pañales, la leche, la ropa, las medicinas. Los artículos de bebés en Venezuela se han vuelto un lujo. Pero, sea como sea, uno resuelve. El bebé se vuelve tu prioridad, luego uno ve qué hace con el resto, incluido uno mismo.
No les voy a mentir, no es nada fácil asumir con ánimo el rol de padres cuando uno siente que el país se hunde bajo nuestros pies. Quisiéramos que nuestros hijos aprendieran a caminar sobre un suelo firme.
Buscamos protegerlos de la angustia y la incertidumbre que se apoderaron del país. Sacamos fuerzas de donde no tenemos para que tengan una infancia feliz. Ser padres en Venezuela es un sacrificio muy grande, pero nada en el mundo vale más la pena.
Pedro Camacho

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